DE LA HISTORIA A LA HISTORIETA (Eran 14 y no 13 las espinosas rosas). Por Memoria TNS

Desde el máximo respeto a todos los que dan su vida por una causa, por muy repugnante que sea esa causa y porque nosotros no profanamos tumbas, porque nosotros no profanamos la historia y porque nosotros no profanamos la verdad, no vamos a negar lo sucedido, pero tampoco vamos a tragar ningún relato de la progresía ricachona, por muy endulzado que haya sido por el peliculero Enrique Cerezo.
Una historia que no tuvo nada de tierna ni de humana, de unas organizaciones criminales compuestas de hombres y mujeres dispuestos a implantar por medio del terror, una república soviética en España recién terminada la guerra. Parte de sus miembros fueron detenidos, juzgados, y algunos condenados a muerte (43 hombres y 14 mujeres).
El castigo en algún caso fue demasiado severo, pero más severos fueron los crímenes cometidos, y mucho más hubiesen sido de realizarse lo que tenían preparado, la detención de los terroristas impidió que se realizaran los atentados masivos preparados para el día del primer desfile de la victoria en 1939 en Madrid.
La emoción que debió sentir el gobierno de Zapatero al encontrar un motivo que sirviera como aval para la publicación de la ley de su falsa “memoria histórica”, debió nublar la vista a los artificieros de relatos que no pudieron ni contar el número de las que sólo ellos llaman rosas y que no fueron 13 y sí 14. La propaganda que hicieron los medios publicitarios al muy estilo sionista de: “Tú dame la noticia que yo inventaré la historia”, hicieron el resto.
Los hechos relacionados con los famosos fusilamientos, tanto los pertenecientes a la historia como a la historieta, se desencadenan a raíz de las investigaciones del denominado “Caso Gabaldón”, que el sacerdote Manuel Guerra Gómez narra de esta manera en su libro “Masonería, religión y política”.
Isaac Gabaldón Iruzco, comandante de la Guardia Civil, miembro del servicio de información y policía militar (SIMP), era el encargado del archivo de la masonería y había organizado toda la información sobre la masonería en España. Fue asesinado en la noche del 29/7/1939 cerca de Talavera cuando, de paisano, iba aparentemente a realizar gestiones particulares (obras en su casa en Puente del Arzobispo), de hecho, a Portugal para hablar -entre otras cuestiones- de la masonería con su presidente, Oliveira Salazar. Tres individuos con uniforme de teniente, alférez y soldado de ingenieros, al menos uno de ellos del SIMP, detienen el coche y matan a sus ocupantes Gabaldón, a su hija Pilar (15 años de edad) y al conductor del coche oficial José Luis Diez Madrigal (25 años de edad).
Los asesinos, comunistas de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), fueron detenidos en los dos días siguientes, juzgados y dos de ellos fueron fusilados el 5 de agosto. El tercero, el pionero (de nombre Sinesio), liberado por Manuel Guitierrez Mellado cuando estaba en el paredón a punto de ser fusilado, según la versión oficial, fue ejecutado en el mes siguiente pero su cadáver no se ha encontrado ni en su sepulcro. En el proceso contra los asesinos y sus cómplices (incluidas las famosas 13 rosas) que se prolongó durante varios años, se acusó de pertenecer a la masonería a los instigadores o autores intelectuales, entre ellos dos médicos (José Fernández Sangino -venerable maestro de la logia de Talavera- y Ángel Juarez de la Cruz) y un militar retirado (Emilio Borrajo Viñas, general de brigada de Estado Mayor), también el teniente coronel Bonell Uici (jefe de la sección de información de la 14 División). Hubo denuncias concretas contra el entones capitán de artillería Gutiérrez Mellado y el capitán jurídico Arias Navarro exsecretario personal de Manuel Azaña, dos personajes de mucha mayor categoría e influencia oficial cuando el asesinato de Carrero Blanco (Arias Navarro, ministro del interior; Manuel Gutiérrez Melldo, jefe del servicio central de información - SECED) y en los gobiernos de la transición presidente y vicepresidente.
“Casualmente” el ayudante de Gabaldón, el falangista Jacinto Alcántara relacionado con el gran oriente español, murió al día siguiente, el 30 de julio del mismo año 1939, por un disparo “accidental” de su novia. En el libro “La masonería” de J. Bor (P.227) se descubre la condición masónica del padre de la novia, y que ésta, también masona, había confesado el crimen. Al día siguiente del atentado contra Gabaldón además de ser asesinado su ayudante, fue asaltado el archivo de logias (Madrid). Desde entonces nada se ha sabido de su documento, exceptuadas algunas páginas conservadas en el sumario del caso, la mayoría con tachaduras. La trascendencia del asesinato de Gabaldón radica en que permitió el enquistamiento de un núcleo masónico en el servicio de información militar y nacional.
Hasta aquí lo relatado por Manuel Guerra.
Las 14 mujeres, como el resto de los detenidos, eran de ideología marxista-leninista, organizadas para implantar en España mediante acciones terroristas un régimen soviético.
Todos los componentes ingresaron en las Juventudes Socialistas Unificadas y el partido comunista de España durante la Guerra Civil, estos son los nombres de las 14 mujeres condenadas a muerte.
Carmen Barrero Aguado Martina Barroso García
Blanca Brisac Vázquez Pilar Bueno Ibañez
Julia Conesa Conesa Adelina García Casillas
Elena Hil Olaya Virtudes González García
Ana López Gallego Juaquina López Laffite
Dionisia Manzanero Salas Victoria Muñoz García
Luisa Rodríguez de la Fuente Antonia Torre Yela
Las detenciones fueron realizadas durante el periodo 18/4/1939 y 16/5/1939. El resultado del juicio (causa 30.426) del que también formaba parte el mencionado “caso Gabaldón” fue de 43 hombres y 14 mujeres condenadas a muerte, además de otros condenados a penas menores. El fallo de la sentencia se argumentó en la pertenencia a organización armada, y por cometer actos criminales violentos, además del de rebelión militar.
Curiosamente entre los detenidos no se encontraba el organizador y máximo responsable de los actos terroristas Pedro Fernández Checa, secretario del P.C.E. que huyó a México donde existe la posibilidad de que, siguiendo las ordenes de Stalin, participara en el asesinato de Troski. Murió al año siguiente (1940) como consecuencia de una dudosa peritonitis.
La sentencia fue cumplida con ejecuciones por separado, hombres y mujeres, el día 5 de agosto a las 4:30 de la madrugada excepto la de Antonia Torre Yela, dado que existía un error en su correspondiente documentación en la que figuraba con el nombre de Antonio Torres en lugar de Antonia Torre, una vez subsanado el error se cumplió la ejecución el 19 de febrero del año siguiente (1940).
La necesidad de crear un hito conmovedor, por parte del gobierno nacido bajo sospecha de los atentados en los ferrocarriles de Madrid, unido a una empalagosa exageración en la película producida por el oportunista Enrique Cerezo y a la cursilería enfermiza de los medios de comunicación, convirtieron la historia en historieta, cosa que, al parecer, a los autores del relato no les importó demasiado, porque como se ha citado, no se molestaron ni en averiguar el número de las sentencias a muerte. Las agencias de propagandistas siguieron el lema tan utilizado por la prensa sionista: “No dejes que la verdad te estropee una buena noticia” y continuaron su interesado y falso relato.
Si duras fueron algunas condenas, más duro fue el terrorismo que practicaron los condenados.
Memoria T.N.S.