El último caballero. El último soldado. El último patriota. Por Martín Ynestrillas

El último caballero. El último soldado. El último patriota. Por Martín Ynestrillas

El último caballero. El último soldado. El último patriota, acaba de marchar a ocupar su sitio en el firmamento, donde le esperaban ya sus compañeros de armas. Lo quisieron matar muchas veces. Trataron de hacer con él todo tipo de miserias morales. Pero sólo Dios decide cómo y cuándo. Y ha decidido que no tiene ya por qué soportar más vilezas, ahora que iba a ser utilizado como cortina de humo, con la descalificación parcial de unos papeles que él mismo resumió repetidas veces a quien le quiso escuchar.

 

Los guardias que le precedieron dando su vida por España formarán escoltas eternas a su llegada. Estarán todos los guardias asesinados por los que él se dejó la piel y a los que siempre quiso proteger. Los que le llevaron a tratar de levantarse en armas no una, sino dos veces.

 

Estará Carmen, que partió antes que él y lo tendrá todo preparado, como hizo toda la vida, para su llegada.

 

Estará Juan, el civil, el hombre que se entregó en cuerpo y alma a la aventura porque era su amigo, porque creía en él y porque lo hubiera acompañado a las mismas puertas del infierno si se lo hubiera pedido.

 

Estará Camilo. El honor hecho carne, que formó con él ese trío de hombres incontestables e irrepetibles que ninguna memoria ni democrática ni de ningún otro tipo podrá ni borrar ni ocultar jamás.

 

Y estarás tú, padre, compañero de fatigas y de prisiones que lo recibirás en primer tiempo de saludo y con esa sonrisa de oreja a oreja que siempre te precedía.

 

El mundo será desde ahora un lugar un poco más vil, más vulgar, más miserable. Porque los buenos, los leales, los de fuertes principios morales y convicciones por las que entregar la vida, mi Teniente coronel, ya os habéis ganado el derecho al descanso eterno.

 

Descansa en Paz, mi querido Antonio. Un abrazo enorme curilla. Dáselo a toda la familia de nuestra parte con nuestra oración más sincera.

 

Martín Ynestrillas