Que parezca que todo cambia para que todo siga igual. Por Javier garcía Isac

Que parezca que todo cambia para que todo siga igual.
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Cuando una cosa es susceptible de empeorar, casi seguro que empeora. Nos hemos acostumbrado a ver como normales cuestiones y comportamientos que no lo son. Nos han hecho creer que la excepción es la regla, que la anormalidad es el código habitual de conducta. Nos han vuelto bizcochables, débiles, temerosos. Tenemos que estar agradecidos de lo que por nosotros se hace, sin importar el retroceso y la pérdida de derechos que, hasta no hace mucho, eran irrenunciables. El miedo al empeoramiento, el terror a perderlo todo es la herramienta utilizada para tenernos domesticados.

Después de una dura, larga y grave crisis como la sufrida y de la que nos dicen que estamos saliendo, se cierne sobre nosotros la amenaza de otra nueva. Diera la sensación de que nada volverá a ser lo de antes, pareciera que viviésemos en una eterna crisis donde, a pesar de todo el retroceso y lo perdido por el camino, debemos estar agradecidos, pues la cosa podría ser todavía peor si muestras algún tipo de disconformidad o deseo de cambio.

La clase dirigente, lo que conocemos como la casta o élite política, es la encargada del mecanismo de control. Es una gran partida de ajedrez donde el hombre de a pie, el hombre de la calle, es el peón que será sacrificado, el prescindible y necesario para garantizar los intereses del resto de figuras. Es una partida de ajedrez, pero sin rival. Todos son de un mismo color. A los que manejan las figuras y los peones, los podemos encontrar una vez al año en la localidad suiza de Davos.

Nos dicen que el Foro de Davos es una fundación sin ánimo de lucro. En Davos se reúnen anualmente los principales líderes políticos, empresariales y lo que ellos denominan intelectuales. No se sabe muy bien cuál es el proceso de selección para ser invitados, lo que sí que está claro, es que el gobierno mundial se reúne dos veces al año, a primeros, precisamente en Davos, y a mediados dependiendo de donde toque. Aquí el club organizador es conocido como Bilderberg.

La nota característica de todo lo que rodea al Foro de Davos y, en mayor medida, al Club Bilderberg es la opacidad y el secretismo y, por supuesto, el desconocimiento de la identidad de los organizadores, por lo menos de los “auténticos” organizadores. Lo cierto es que no hay gobierno, persona o corporación empresarial, social o intelectual que no se plegue a los intereses de ambas organizaciones. La clase dirigente española, su casta política, no es ajena a las instrucciones que reciben y que obedientemente ponen en marcha, incluso cuando estas instrucciones perjudican seriamente los intereses del pueblo español. Somos complacientes.

Se generan crisis para luego vendernos las recetas para salir de las mismas. Se provocan guerras y se quitan y ponen gobiernos a conveniencia. Se venden principios democráticos que ellos no se aplican. Contaminan el mundo para luego cobrarnos por limpiarlo. Definitivamente, desconocemos quién o quienes son los que manejan las figuras en el tablero de ajedrez. Solo sé que viviremos en una constante e interminable tensión, para mantenernos siempre alerta, siempre agradecidos y siempre sumisos. Generamos un problema y generamos la solución. Que parezca que todo cambia para que todo siga igual.



Javier García Isac

Todos de acuerdo en ampliar la Mentira Histérica (Intervención de Jesús Muñoz en Radio Inter) Texto y Audio

Todos de acuerdo en ampliar la Mentira Histérica (Intervención de Jesús Muñoz en Radio Inter) Texto y Audio

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Tema del debate: 

¿Cree Usted que el Partido Popular debería votar en contra del proyecto de reforma de la Ley de Memoria Histórica?



11.02.18



En contra de la Ley de Memoria Histórica debería votar todo diputado con moral, sentido de la justicia, amor, o al menos reconocimiento de la historia, y responsabilidad. ¿Hay algún diputado que posea estas características en el Parlamento Español?. Ninguno. Por lo tanto, no votará en contra nadie.



No votarán en contra los precursores, es decir, la izquierda que son los herederos de los asesinos de hace ocho décadas y los defensores de los asesinos de la transición y la democracia, ETA, GRAPO, etcétera son de izquierdas.



No votarán en contra los separatistas, también descendientes de los asesinos de hace 8 décadas y de cuyas filas han salido ETA y Terra Lliure, por ejemplo, es decir los asesinos de la transición y la democracia.



Y tampoco votarán en contra, por supuesto, Ciudadanos, ese cáncer con categoría de partido político con lo peor de la derecha y de la izquierda, que crece en España, con el imbécil aplauso y el voto de la gente que quiere que cambie algo, o que incluso se considera patriota. Recordemos que Ciudadanos es absolutamente antifascista y antifranquista, lo ha dicho en infinidad de ocasiones Albert Rivera, lo ha dicho Inés Arrimadas, que hasta se avergüenza de su padre que era franquista, y lo han dicho mil veces todos los dirigentes de ese engendro creado por el sistema para que nada cambie.



Y, por supuesto, el PP no votará en contra, de hecho anuncia que se abstendrá. Si a alguien le preguntan está usted a favor de que violen y maten a esa señora y ese alguien se abstiene, ese alguien es casi peor que los violadores. Hay ciertas cosas en las que abstenerse es ponerse del lado de la injusticia pero además siendo un cobarde. Porque si ya la ley de Mentira Histérica actual es injusta, manipuladora y discriminatoria, la reforma que se aprobará es violar y asesinar a la verdad, a la justicia, a la historia y a la dignidad.



Y el PP como mucho se abstendrá, lo que no es de extrañar, recordando que el 20 de noviembre de 2002, repito 2002 con Aznar en la presidencia del gobierno, no con Zapatero, que no llegó al poder hasta 2004, y con mayoría absoluta, condenó unánimemente en el Parlamento al franquismo.



Porque es el mismo PP que con mayoría absoluta en Congreso y Senado no ha tocado una coma de la Ley de Memoria Histórica actual. El mismo PP que disfruta haciendo cumplir esta infame ley de la que incluso su ministro de Justicia ha dicho que está muy orgulloso de ella, infame ley que cambia las calles, retira placas, cruces o estatuas, el mismo PP que envía a su policía y Guardia Civil por medio de sus delegaciones de gobierno, para reprimir a los que quieren defender esas placas, estatuas o cruces, o a los que queremos homenajear a nuestros caídos.



Primero, ya en la transición, empezaron con la teoría del empate, tan malo era un bando como el otro, igualaron a asesinos y asesinados. Con la actual Ley de Memoria Histórica solo hay un bando malo, evidentemente el nacional, es decir, los malos eran los asesinados y los buenos los asesinos. Y ahora, con la nueva reforma, nos multarán, iremos a la cárcel, profesionales, docentes y funcionarios perderán su puesto de trabajo por defender la verdad. Y en la siguiente vuelta de tuerca quizás nos asesinarán, por la espalda a ser posible, porque siguen siendo unos cobardes. Como asesinaron a Matías Montero, al que ayer homenajeamos, y a centenares de falangistas y patriotas antes de empezar la guerra, como a los que se ha nombrado en el magnífico editorial de hoy, http://www.ivoox.com/sencillamente-radio-11-02-2018-editorial-matias-montero-prohibido-recordar-audios-mp3_rf_23679704_1.html?autoplay=true. O como ETA ha asesinado a falangistas y patriotas, y ETA está en las instituciones con el consentimiento de todo el sistema, incluido el Partido Popular. O como han asesinado al falangista Víctor Laínez hace 3 meses y los que defienden a sus asesinos están dirigiendo los más importantes ayuntamientos de España.



El sistema está podrido, siempre ha estado de parte de los asesinos, pero ahora quiere legitimar y hasta legalizar que se nos asesine a los disidentes. A algunos nos tendrán enfrente una vez más, parafraseando a José Antonio, que sigan los demás con sus festines, nosotros sabemos dónde está nuestro sitio.


@MasRazonqUnSant       


@sindicatotns      


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Esta fue la intervención radiofónica del pasado domingo 11/02/2018 del Jefe de Información y Prensa del Sindicato Trabajadores Nacional Sindicalistas, Jesús Muñoz, en el programa debate “Sencillamente Radio” de Radio Inter de Madrid (programa que se emite todos los domingos de 08:30 a 11:30 horas en esa emisora en el 918 de AM, 93,50 de FM y en Internet: http://www.radiointer.es/


Audio de la intervención: 
http://www.ivoox.com/sencillamente-radio-11-02-2018-intervencion-jesus-munoz-todos-audios-mp3_rf_23681537_1.html
Os recordamos que aparte de poder escuchar el audio de esta intervención de Jesús Muñoz, también podéis escuchar el audio del editorial de Rafael Nieto.  
Todos los audios los tenéis en     
Y nos complace enormemente comunicaros que gracias a la gran labor de documentación y recopilación que está desempeñando nuestro camarada Miguel del Pozo, ya tenéis acceso a buena parte de los programas de “Sencillamente Radio”, sobre todo a los editoriales del director del programa, Rafael Nieto, y a las intervenciones de Jesús Muñoz, Jefe de Información y Prensa del Sindicato TNS, en este programa.    
Este trabajo de recopilación no ha terminado, así que os aconsejamos que toméis nota del canal de Ivoox para seguirlo periódicamente, o mejor aún, que os suscribíais al mismo, ya que va a seguir renovándose continuamente.   
Este es el enlace al canal con los diferentes podcast:      

Nada es por casualidad. Por Javier García Isac



Nada es por casualidad. Por Javier García Isac 
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Llegó la señal y llegó en forma de mensaje telefónico. Estaban esperando la excusa, la coartada para poder desatascar la situación, el motivo para deshacerse de un Puigdemont que ya empieza a ser molesto a propios y extraños. Todos sabemos y conocemos la falta de épica, de heroica en eso que llamamos procés, lo que no podíamos imaginar, ni siquiera soñar, es que la finalización de la efímera república independiente de Cataluña nos viniera en forma de SMS o whatsapp.  
La extraña pillada al ex consejero Comín, de los mensajes recibidos por parte del ex presidente de la Generalidad Puigdemont, donde este último reconocía la victoria de Moncloa, es ahora utilizada por amigos y enemigos, para desembarazarse del cadáver político en el que se ha convertido Puigdemont. No tengo ninguna duda de lo “dantesco” de la situación, como tampoco la tengo del montaje realizado. Nada es por casualidad. Los hechos deben ser analizados con la perspectiva del tiempo. El sábado 27 de enero, el constitucional establecía las medidas cautelares que impedían que Puigdemont fuera investido presidente telemáticamente. El martes 30 de enero, el presidente del congreso autonómico catalán, Rogelio Torrente, decide aplazar la sesión de investidura. El miércoles 31 de enero, el exconsejero Comín recibe unos mensajes telefónicos de Puigdemont que transcienden a la prensa y se hacen públicos. 
El castillo de naipes se desmorona y todos tan contentos. La brecha, la fisura, la grieta en ambos frentes, es algo más que evidente. En el independentista, son cada vez más las voces que dan por amortizado a Puigdemont y desean la formación de un gobierno posibilista. La chusma es muy valiente en grupo, en manada, pero no tanto cuando se la individualiza, cuando se la identifica o se la responsabiliza de un hecho en concreto. Son pocos los dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias en pos de conseguir la independencia de Cataluña. El miedo a pisar la cárcel les atenaza a la hora de tomar decisiones que puedan entrañar la posibilidad de entrar en el talego y Rogelio Torrente no está dispuesto a pasar por semejante trago, por muy independentista de salón que sea. En el frente “constitucionalista” no están mucho mejor. Ciudadanos e Inés Arrimadas, la nueva favorita de la prensa y los medios conservadores de este país, nos hablan de unidad frente al separatismo, unidad que no se creen ni ellos mismos y que queda en evidencia cada vez que tienen que llegar a algún tipo de acuerdo. Los Socialistas tampoco son unos socios fiables, la visión de cada reyezuelo territorial es diferente dependiendo de la comunidad autónoma donde residan. Con toda seguridad, la cuestión es que la Constitución del 78 no es la solución, es parte del problema. La constitución por si sola, no es suficiente para garantizar la unidad de este país. 
Puigdemont y sus SMS han dado un balón de oxigeno impagable a un Mariano Rajoy que atraviesa sus horas más bajas y han conseguido que el independentismo empiece a pensar en un cambio de estrategia que muchos les reclamaban. Desean volver a la normalidad, “a su normalidad”, la del 3%, la de la imposición lingüística, la de la desobediencia a las resoluciones del tribunal constitucional, la del adoctrinamiento en las escuelas, la de las embajadas en el extranjero, la de la marginación al que piensa diferente. En definitiva, a la normalidad que nos han vendido los últimos 40 años en Cataluña, con la complicidad de los distintos gobiernos de España. Sin querer ver que nada era normal en Cataluña antes ni después de ese 1 de octubre. 
Tengo claro que el conchaveo, el cerdeo, la componenda ya está en marcha. Los SMS de Puigdemont son el pistoletazo de salida para que las aguas vuelvan a su cauce, a esa situación que quieren vendernos como normal. Solo les separa dos obstáculos que tienen que domesticar, que tienen que neutralizar: la movilización popular de miles de españoles y al Juez Llarena. 

Javier García Isac

Libro "Que no te Engañen" de Jesús Muñoz. Nota de Autor


Libro "Que no te Engañen" de Jesús Muñoz. Nota de Autor

 

A continuación publicamos la "Nota de Autor" de Jesús Muñoz en su libro "Que no te engañen", que está teniendo una gran acogida tanto en ventas como en reseñas periodísticas, y que ya se encuentra en su segunda edición.



Estimado lector, lo que tienes en tu mano no es un libro, aunque veas sus tapas, su prólogo, sus fotos, su nota del editor...o por lo menos jamás pretendió serlo. Ni siquiera es una relación de artículos stricto sensu.

Lo que estás empezando a leer es, nada más (y nada menos), que la respuesta de un español de a pie molesto con la tiranía del pensamiento único, indignado con el trágala de lo políticamente correcto. Es lo que piensa y expresa públicamente, cuando le dejan, un español cabreado, como tiene que estar un español decente en nuestra sufrida Patria actual, un español al que un domingo por la mañana le dio por descolgar un teléfono, hace 20 años ya, para responder a una pregunta formulada en un programa radiofónico, llamado “Sencillamente Radio” (que ya escuchaba su padre desde hacía varios años), pregunta formulada por el director de ese espacio radiofónico, un tal Eduardo García Serrano. Y aquí estamos, ya que tras aquel domingo de 1997 ese españolito, servidor de todos ustedes, no ha dejado de dar su opinión “libre y sin filtros previos”, como reza el lema del programa, casi ningún domingo salvo casos puntuales.

Cada una de las intervenciones aquí recopiladas tampoco pretenden ser artículos bien redactados en fondo y forma, de hecho muchas de ellas tienen una sintaxis y una prosa muy mejorable, ya que tal y como están plasmadas en este libro (de acuerdo, me rindo y utilizaré a partir de ahora esta palabra, libro, para definir el voluminoso ejemplar que has comenzado a leer), intentan ser una transcripción lo más fiel posible a la intervención radiofónica tal y como se escuchó el día de la fecha que aparece en cada texto.

Cada intervención en realidad tan sólo pretende ser lo que es, una respuesta, por un lado, a una pregunta del director del programa sobre un tema de actualidad semanal, y, por otro lado, una contestación implícita o explícita a las intervenciones de otros oyentes. Respuesta elaborada, creo que es necesario aclararlo, en tan sólo unos minutos, los previos a descolgar el teléfono para intentar entrar en antena, y con la “presión añadida” de que la citada intervención debe ser relativamente corta y directa, por imperativo de las normas del programa, a la vez que no se convierta en una reiteración de lo dicho por otros participantes en el programa, y que además de intentar abrir ojos y oídos de los oyentes, sirva de acicate, e incluso de arenga, al pueblo español que escucha este programa. Una intervención a veces emitida desde casa (mía o ajena), desde el coche, desde una grada de algún campo de fútbol donde jugaba mi hijo... o donde me pillara en esos momentos, y con el añadido de los nervios tensos por lo difícil que resulta casi siempre el conseguir línea para intervenir, y decir algo diferente a lo que se escucha en los medios de comunicación habitualmente.

Si tienes la paciencia de leer entero el libro, comprobarás que está repleto, lo reconozco, de frases o incluso párrafos enteros reiterados hasta la saciedad, pero aparte de que mi opinión no ha cambiado sobre los problemas de España, por lo que resulta absurdo intentar expresarla de distintas maneras, mi experiencia en el mundillo de la comunicación me dice que ante la mentira repetida infinidad de veces por el sistema en cada uno de los temas, hay que intentar repetir hasta el hastío la misma respuesta, una respuesta que, además, no se permite exponer en prácticamente ninguna tribuna pública ni privada, por lo que cuanto más reiterativa sea las pocas veces que se pueda difundir, más eficaz será.

Por cierto, no hace falta ser muy sagaz para comprobar que, desgraciadamente y sobre todo cuando se leen las intervenciones más antiguas, mis peores augurios sobre lo que podía ocurrir en España, se han ido cumpliendo casi a pies juntillas, no porque yo sea muy listo, ni adivino, sino porque este sistema es tan previsible como injusto, corrupto y antiespañol (una de las coletillas que me habrás escuchado repetir infinidad de veces).

Reconozco que mis palabras a veces son duras, contundentes e incluso hirientes o agresivas, pero, parafraseando a José Antonio "quien ha dicho que cuando insultan nuestros sentimientos, antes de reaccionar como hombres estamos obligados a ser amables"...y en España se está haciendo más, mucho más que insultar a nuestros sentimientos. Además, en mi defensa puedo presumir de que jamás nadie ha podido rebatirme alguna de mis acusaciones demostrando que sea falsa.

Este libro, no lo puedo negar, más que entretenerte, te va a indignar, te va a recordar, en caso de que fuera necesario hacerlo, con un repaso a la actualidad de los últimos años de la historia de España, las mentiras que te lanza el sistema día a día, unas veces de manera descarada y otras de forma más sibilina, así que si tiene algún propósito claro esta obra, aparte de denunciar injusticias y mentiras, es intentar dotar al lector de munición para combatir esas mentiras y esas injusticias, de ahí el título del libro, que, humildemente, pretende ser algo así como una recarga de argumentos y vivencias para enfrentarse a todos aquellos que llevan varias décadas intentando acabar con la Patria más gloriosa que jamás ha alumbrado la Madre Tierra, con su Unidad, su Identidad, su Tradición, su Lengua, su Fe y su Cultura, y con la Justicia Social que ha hecho más que posible la supervivencia en nuestra amada y herida piel de toro.

Quizás pensarás, este tío, como su libro es un truño, se está poniendo la venda antes de la pedrada por si no me gusta su obra…pues no, tampoco es esa mi intención, simplemente pretendo ser sincero a la vez que coherente con el título de este ejemplar que tienes en tus manos, así que, “Que no te engañen”, no pretende ser un libro, sino más bien un manual del disidente, del rebelde o incluso del que sin serlo, quiere saber como pensamos los “malos” de esta película que llevan 40 años contándote.

En todo guión de cómo escribir una nota de autor, indica que ahora toca dar las gracias, algo que voy a hacer encantado ya que de bien nacidos es ser agradecido, y me considero muy bien nacido, porque gracias a mis padres soy como soy, con mis defectos, muchos, y mis virtudes, alguna tendré. Agradecido por la educación recibida, católica y de amor a la Patria, de sentir como mío el sufrimiento ajeno, por mi fuerza de voluntad heredada de ellos y por mi persistencia infatigable en intentar conseguir lo que me propongo. Alguien un día me definió como esa aparentemente inofensiva gota constante que termina perforando la piedra.

Así que empezaré dando las gracias  a los directores de Sencillamente Radio de estos últimos 20 años, Eduardo García Serrano y Rafael Nieto, que me han permitido expresarme con toda libertad, aún no compartiendo algunas de mis aseveraciones, aún sabiendo que algunas de mis intervenciones les podrían ocasionar algún problema, no porque fueran falsas o injuriosas, sino porque representan esa verdad que está prohibido difundir, o aún intuyendo que esas palabras mías no iban a ser bien recibidas, aparte de por gran parte de la audiencia (ese actual pueblo español de la “Señorita Pepis”), por la dirección de la emisora, los anunciantes y, en definitiva, quienes permiten que un programa como éste siga existiendo. Unos directores, Eduardo y Rafael, con los que comparto muchos diagnósticos y soluciones de lo que se debate en el programa, pero, evidentemente, no todos, lo que da más valor aún al hecho de haberme dejado expresar mi opinión durante estos 20 años. Por cierto, me adelanto a responder a una pregunta que se me hace frecuentemente, a ninguno de los dos los conocía personalmente antes de comenzar mi participación en Sencillamente Radio, es a raíz de mis intervenciones semanales en este programa por lo que puedo contarles entre mis amigos.

Evidentemente, gracias al editor Enrique Uribe por darme la oportunidad de estrenarme como escritor, ¡uf! como suena esa palabra, y asumir el riesgo de editar esta munición peligrosa para el sistema, y a Salvador Ceprián, oyente habitual de este programa al que se le metió en la cabeza la idea de que esta obra viera la luz, y ante mi incapacidad, por falta de tiempo, de hacer la selección de intervenciones, y su posterior estructuración en un libro, se metió en el fango hasta las trancas, y ahí lo tienen. Una selección de intervenciones tan difícil como dolorosa, por tener que prescindir de muchísimas. Una sensación, ésta de no publicar muchas intervenciones, muy similar a lo que me ocurre cada domingo antes de mi participación en Sencillamente Radio, en la que lo difícil no es “a ver que digo sobre el tema a debatir”, sino “a ver que no digo”, ya que habría tanto que opinar sobre cada tema de actualidad que se propone a debate, que tener que prescindir de muchos argumentos, datos, ejemplos o vivencias, para ceñirme a los pocos minutos que se nos brindan a los oyentes, es lo más difícil para mi cada semana.

Ni que decir tiene que gracias a los oyentes, a TODOS, a aquellos que participan y en antena me dan la razón e incluso me elogian, y también, por supuesto, a los que me critican públicamente o incluso llaman para insultarme, y, como no, a los que no llaman nunca, pero que seguro que también comparten o rechazan mi opinión desde sus casas o lugares de trabajo, porque creo que a ninguno dejo indiferente, o eso comentan los que opinan sobre Sencillamente Radio. Gracias, faltaría más, a los innumerables oyentes que se acercan a conocerme personalmente en aquellos “actos de calle” (que es donde reconozco que me encuentro más a gusto) en los que coincidimos o a los que les convoco por radio, y, por supuesto, a esos oyentes, algunos participantes habituales, que se han quedado por el camino en estos 20 años y que varios de ellos quizás me siguen escuchando desde sus luceros, entre éstos algunos queridísimos familiares míos y también grandes camaradas.

Gracias, por tanto, al programa Sencillamente Radio en sí, y a quienes lo hacen posible, productores, anunciantes, técnicos (que grande eres Chinchi) ya que debido a mis intervenciones constantes en este espacio radiofónico, he podido conocer a personas destacadísimas en muchas vertientes, con las que quizás no habría tenido el gusto de tratar en otras circunstancias, a personajes ilustres de los que he podido comprobar su lado más entrañable, a grandes patriotas de los que he aprendido mucho, a oyentes anónimos, que ahora tengo por grandes amigos...Y también es de justicia destacar que si en algún momento he tenido, tengo o tendré cierto reconocimiento en la esfera política o social, la de verdad, la de los que hacen de ella un sacrificio constante sin recibir nada a cambio, ha sido por mi presencia al otro lado del teléfono en el debate semanal de Radio Inter, lo que también me ha empujado a sentarme en tertulias de actualidad (pocas, ya que al parecer no debe ser "prudente" dejarme cerca un micrófono) e incluso presentar y dirigir algún que otro programa radiofónico, y hasta de ejercer de portavoz de organizaciones sociales, sindicales, políticas y de otro ámbito a las que no se les suele dar voz en ningún medio de comunicación del sistema, vamos, los malos de la película.

Y gracias, lo dejo para el final, porque quien me conoce sabe que dejo para el final lo mejor, lo más querido, gracias, sobre todo, a los que más han sufrido los “daños colaterales” de mis intervenciones, mi maravillosa familia, gracias a Reyes, mi mujer, y a mis hijos Ramiro y Manuel, gracias por su paciencia, por su comprensión, por su apoyo después de tantas horas esperando que papá entre en la radio para desayunar juntos, o para poder hablar con él en la mañana del domingo. Son tantos los proyectos de domingo pospuestos o cancelados porque “Jesús el de La Inter” tenía que expresar su opinión o tantos desayunos dominicales hablando del “monotema”, en lugar de debatir temas familiares o personales, que espero que algún día puedan disculpármelo.

Así que estimado lector, si te atreves a continuar leyendo las siguientes páginas, permíteme un consejo, se reflexivo con lo que leas en ellas, así como con lo que escuches y lo que veas a tu alrededor, critica abiertamente lo que lees si no estás de acuerdo, o difúndelo si lo haces tuyo, pero independientemente de si aceptas o rechazas lo que intento expresar en este libro, piensa por ti mismo, no te dejes arrastrar por mareas de mentiras de consenso, o por tópicos aceptados a machamartillo simplemente porque lo dice la mayoría, o porque está mal visto ser disidente. Se crítico, se valiente, saca tus propias conclusiones, busca la verdad, que es aquello que en realidad te puede hacer libre y lucha para defenderla, que no piensen otros por ti, QUE NO TE ENGAÑEN.



Jesús Muñoz

@MasRazonqUnSant

Libertad y rebeldía compartidas. Prólogo de Rafael Nieto al libro "Que no te engañen" de Jesús Muñoz


Libertad y rebeldía compartidas. Prólogo de Rafael Nieto al libro "Que no te engañen" de Jesús Muñoz

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Siempre he mantenido la teoría de que hay periodistas que no tienen el título, pero son "muy periodistas", y licenciados en Periodismo que no serán periodistas en su vida, porque ni piensan, ni sienten, ni leen, ni por tanto escriben como periodistas. Esto que Vds. están empezando a leer ahora mismo es el prólogo que hace un periodista (para servir a Dios y a ustedes) a otro periodista, que es Jesús Muñoz. Y es indiferente en lo que circunstancialmente trabaje u ocupe sus días, porque de los años de amistad que he podido compartir con él, si algo he tenido siempre claro es que estaba tratando con un colega.

Pero no solamente eso. Jesús es periodista como yo, y es católico y patriota como yo. Por eso, en sus intervenciones radiofónicas de "Sencillamente Radio", que ahora pueden Vds. disfrutar en su formato literario, muchos oyentes creen estar escuchando también "editoriales". Tanto la temática, como la forma y el estilo que suele utilizar representan, en buena medida, la línea de un programa que, después de casi cuatro décadas seguidas en antena, es más que una institución de Radio Inter. Es uno de los pocos focos de resistencia que aún quedan contra un sistema político que ahoga los intereses nacionales.

Hasta tal punto es perseguido el patriotismo en nuestros días, y es tal la saña con la que las instituciones "democráticas" se emplean contra aquellos que pretenden defender la unidad de España, que cada vez son menos los espacios en los que es posible escuchar las ideas que suele expresar Jesús en sus comentarios. Y ello es posible por tres razones principales: por la libertad que siempre nos ha dado la dirección de Radio Inter para defender nuestra línea editorial, por la libertad que nos permiten los patrocinadores y anunciantes de Sencillamente Radio (sin los cuales, nada sería posible) y por el empeño personal, el sacrificio y la constancia que viene demostrando Jesús durante tantos años, estando todos los domingos (con poquísimas faltas) marcando los teléfonos directos del programa, sin ningún tipo de privilegio sobre los demás oyentes, para poder leer sus artículos en antena.

Jesús es un falangista de libro. Te da la mano mientras te mira a los ojos, o te da un abrazo fraterno, y sabes que tras su mirada y sus palabras hay sinceridad, lealtad e integridad. Es igual en su vida privada que cuando habla en la radio; igual en su puesto de trabajo, que cuando se moviliza en marchas patrióticas, cuando arma la revista del Sindicato TNS o cuando acompaña a sus hijos al fútbol. Y es esa coherencia de vida y de pensamiento lo que le permite hablar con esa rotunda libertad, con ese descaro del que nada tiene que perder, con la rebeldía permanente del que lucha, palabra a palabra, por conquistar unos intereses que, en realidad, son colectivos, son de todos y para todos.

No voy a negar, porque se lo he dicho a él a la cara, que muchos de sus comentarios me han causado preocupación y, en alguna ocasión, me han generado algún pequeño conflicto. Es normal. Cuando se exponen ideas y principios sin filtro de ninguna clase, cuando se da rienda suelta al corazón y a la cabeza, pero no se pone la sordina que exige el Sistema para resultar más digerible, los efectos no siempre resultan cómodos. Jesús es auténtico e incorregible, rotundo y tenaz, incapaz de quedarse en las medias tintas teniendo la oportunidad de proyectar sobre las ondas la tinta entera de su discurso.

Fui primero oyente suyo en la etapa en que Eduardo García Serrano dirigía el programa. Recuerdo que siempre pensaba: "Este Jesús debe ser un tío cojonudo". Después de hacerme cargo de Sencillamente Radio en 2012, he podido tratarle personalmente, y compartir mesa y mantel en almuerzos donde siempre hemos intercambiado impresiones sobre nuestra visión dolorida, pero siempre esperanzada, de nuestra Patria común, de nuestra querida España. No siempre estando de acuerdo sobre el diagnóstico de la situación, ni sobre las posibles soluciones que deberían aplicarse; pero sí de acuerdo, siempre, en el deseo ardiente de que podamos recuperar la España fuerte, unida y fecunda que un día tuvimos, y que nos dejamos arrebatar a cambio de casi nada.

Como director del programa, sé que muchos de nuestros oyentes esperan el momento en que Jesús da los "buenos días" y se arranca, sin preámbulos ni adornos vanos, con esa catarata de palabras que se cuelan, casi sin quererlo, en los oídos y en el entendimiento. Con la irreprimible fuerza de la verdad. Con el arrojo del que nada teme. Con la rebeldía del revolucionario que no pelea sólo por lo suyo (forma, en todo caso, legítima de egoísmo), sino que pelea también por el pan, la Patria y la Justicia de todos. A veces me sorprende, otras me impresiona, casi nunca me deja indiferente. Y mientras le escucho, pienso que es una suerte que tengamos, él y yo, todos los que participamos de alguna manera en este debate sin igual, esa bendita libertad que..., ¡quién sabe si durará para siempre, o la perderemos también, en fin, como hemos perdido tantas cosas!

En alguna ocasión (la última, en la presentación de mi libro "España no se vota" en la sede de la Hermandad Nacional de la Vieja Guardia de Falange) Jesús me ha escuchado decir que no me siento falangista porque carezco de espíritu revolucionario. Es verdad. Además, creo que ese espíritu, como otras virtudes, se tienen o no se tienen, porque están imbricadas (o no) en lo más profundo del alma, forman parte de la manera de ser, de entender y de actuar. Yo soy un patriota tradicionalista, con un sentido de la justicia social que entronca con la Doctrina Social de la Iglesia, pero no me siento parte de la gran (y querida por mí) familia falangista. Poco importa, realmente. Porque ellos y yo, Jesús y yo, estamos juntos en otro barco que es mucho mayor y más importante. El barco de la defensa de lo más auténticamente nuestro; de la Fe de nuestros ancestros y de nuestros hijos, de la tierra pródiga que pisamos, de tantos héroes del pasado a los que debemos emular si queremos volver a izar, limpia y ondeante, la bandera rojigualda para ese nuevo Día de la Victoria que nos espera.

Gracias, Jesús, por querer que fuera yo el autor de este simulacro de prólogo que he intentado componer. Gracias por tantos madrugones de domingo, dejando enfriarse los churros en el plato mientras tu mujer pacientemente espera (otra vez) que consigas línea e intervenir en la radio para desayunar todos juntos.

Gracias por atreverte a sostener el mástil de la dignidad nacional, ahogada por tanta cobardía y por tanta mediocridad. Gracias por aceptar la amistad de este comunicador que intenta, cada domingo, conseguir el equilibrio perfecto entre muy distintos intereses, pensamientos y emociones de sus oyentes/participantes. Y que a veces, aunque no siempre, sale victorioso de tan ardua empresa.

Y gracias también a Enrique Uribe, editor tuyo y mío, por hacer posible la libertad de expresión y de opinión de tantos que nos resistimos a ser paniaguados del poder, y hemos elegido este otro camino, tortuoso a veces pero tan gratificante a la postre, que es el de la resistencia y la rebeldía.



Rafael Nieto

Toledo, frente al Alcázar, 12-8-2017

Prólogo para el libro "Que no te engañen" de Jesús Muñoz 

Nueva Ley de Memoria Histórica: controlar el pasado, para dominar el futuro. Por Fernando Paz


Nueva Ley de Memoria Histórica: controlar el pasado, para dominar el futuro. Por Fernando Paz
El Partido Socialista Obrero Español, radicalizado en su lucha por rescatar los votos que en su día se fueron a Podemos, ha presentado una proposición de ley que modifica la Ley de Memoria Histórica hoy vigente, también creación suya.

Se trata de una ley inequívocamente totalitaria, que oficializa los puntos de vista de la izquierda española como obligatorios. La ley prevé el secuestro de libros, la cárcel y pérdida de la condición docente para los profesores que la incumplan, el adoctrinamiento escolar y la inhabilitación y la prisión para los cargos públicos que obstruyan su aplicación.

Dicha propuesta incluye, además de las penas de cárcel mencionadas, cuantiosas multas, inhabilitaciones e ilegalizaciones, y suprime la libertad de expresión en materia histórica.

En la misma línea de la ley hoy vigente, contempla, además, la supresión de cualquier alusión a Francisco Franco en el más insignificante rincón del espacio público. El nombre de Franco debe ser borrado de la historia.

Un viejo y feo hábito 

Borrar ciertos nombres de la historia fue costumbre en la antigua Roma, pero no solo: egipcios y babilonios ya practicaban la eliminación de determinados episodios y protagonistas del pasado para acomodarlos a las necesidades del presente.

Pero lo que mesopotámicos y egipcios tenían por costumbre, los romanos lo elevaron a la categoría de arte. Es lo que conocemos como “damnatio memoriae”, la condena del recuerdo, aunque realmente tal expresión no existía en Roma; en su lugar se hablaba de “abolitio nominis”, que consistía en suprimir toda referencia en inscripciones. monumentos o edificios, a la persona que se deseaba eliminar. 

Durante largos siglos, sin embargo, este tipo de prácticas se volvió poco usual. Podía interpretarse y reinterpretarse la historia, pero no se utilizaba la supresión como método.

La inspiración estalinista 

Hasta llegar al siglo XX, en que el refinamiento pareció alcanzar su culminación durante el estalinismo. Nombres e imágenes de los protagonistas de la historia de la revolución fueron eliminados; las fotografías, las películas y los nombres de Trosky y los trostkistas, primero, y luego los de Kamenev, Zinoviev, Bujarin, Tujachevski, Radek, Tomski, Rykov… 

A Stalin no le interesaron tanto otros periodos históricos. Ciertamente, promovió revisiones literarias y cinematográficas referidas al pasado ruso; por ejemplo, se rescató la ominosa figura de Iván el Terrible, o se elevó a la categoría de héroe a Alexander Nevski; un científico no podía defender la herencia genética y un escritor podía perder la vida si incurría en determinadas faltas, pero a Bulgakov se le permitió publicar “La guardia blanca” y el propio Stalin acudió a la representación teatral de la obra, “Los días de los Turbin”, hasta en 16 ocasiones. 

En lo que se centró Stalin fue en el episodio revolucionario, porque de ahí arrancaba su legitimidad. La supresión de la generación revolucionaria, la de la clandestinidad y la que hizo Octubre con Lenin, la de la guerra civil, la NEP y el comunismo de guerra, dejaba a Stalin como el único hombre a la altura de Lenin. No era casualidad que las efigies de ambos fueran exhibidas juntas en los desfiles, actos públicos y que presidieran las vidas cotidianas de los soviéticos. 

Lo imaginó Orwell 

No cabe duda de que el estalinismo fue la inspiración de Orwell a la hora de escribir “1984”, novela distópica en la que el pasado se reconstruye una y otra vez a conveniencia del poder, hasta suprimir todo atisbo de objetividad incluso en lo referente a los recuerdos. 

La idea de Orwell de que quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controla el futuro, está muy presente en toda la obra legislativa que hoy conocemos como “memoria histórica”, que permite al poder rehacer el pasado a conveniencia.

Como Orwell le hace decir a O´Brien: solo lo que ocurre en la mente tiene una realidad. El poder bien puede permitirse ignorar los hechos: si controla las mentes, tras una adecuada depuración e interpretación de la historia, lo que realmente aconteciera en el pasado carece de importancia. Si todos lo creen, entonces sucedió. 

La ideología no necesita ni de la verdad ni de la realidad. Como en su modelo orwelliano, la ley prevé la creación de una Comisión de la Verdad que parte de apriorismos históricos perfectamente falsos; una comisión que, en lo esencial, ya ha emitido su juicio antes de investigación alguna. 

Victimización 

En el caso de la memoria – como en otros muchos – esta tuvo por prólogo la habitual campaña de victimización. Imprescindible para pulsar la tecla de la emotividad, la victimización se basó en medias verdades sostenidas por las habituales perífrasis estudiadas para prender en la opinión pública: evocaciones de las cunetas, del derecho a la memoria, de la exigencia de enterrar a los muertos propios, de la justicia y la humanidad… 

La desvergonzada manipulación de los sentimientos apenas fue advertida, y muchas personas de buena fe coincidieron en que los fines que se pregonaban eran plausibles. En realidad, solo constituían la excusa para prestigiar la causa desde una teórica perspectiva de justicia distributiva. Lo que había tras ello solo era la primera fase de una venganza largamente planeada. 

Aunque al principio el discurso dominante equiparaba a todas las víctimas, pronto se superó esta fase y pudo acometerse el objetivo real. Hoy, una década más tarde, las víctimas de las que se ocupa la ley sólo son las de un bando; mientras a estas se las honra de forma pública y oficial, todos los crímenes cometidos por ese bando son sistemáticamente silenciados, explicados con un abierto aire justificativo o banalizados, cuando no jaleados sin disimulo sin que ello merezca el menor reproche penal. 

En la versión del proyecto de ley socialista, las víctimas pueden servir para abrogar de facto la Ley de Amnistía de 1977, de la que se dice que “no será obstáculo para que se otorgue la mentada reparación integral a la víctima.” De hecho, está previsto que se indemnice a quienes “lucharon por la democracia” desde 1968 lo que, eventualmente, podría incluir a reos de terrorismo. 

Una Ley de Amnistía, la de 1977, que en su momento reclamaron socialistas y comunistas como prueba de las intenciones democráticas y reformistas del gobierno de Suárez y que hoy, cumplida su función desde el punto de vista izquierdista, es denunciada sin el menor sofoco por sus beneficiarios. 

La mentira como basamento 

Desde hace más de dos décadas, han proliferado las condenas institucionales al golpe “fascista” del 18 de julio contra la legitimidad del gobierno republicano. Ni la realidad ni la verdad juegan aquí papel alguno: el golpe no fue fascista, y tampoco existía legitimidad alguna en el gobierno republicano de 1936. 

Ninguno de los principales actores de la sublevación de 1936 era fascista en modo alguno. Mientras que Franco, por ejemplo, era un monárquico conservador, no pocos de aquellos que le acompañaban eran republicanos y, algunos, incluso estaban cerca de la masonería: Cabanellas, Queipo de Llano, Aranda, En España, como los pocos fascistas que en ella había reconocían, no existía oportunidad alguna para el fascismo. Que Franco o que Queipo de Llano fuesen fascistas es algo que sólo desde un enloquecido radicalismo izquierdista puede pretenderse. 

Y tampoco el gobierno era legítimo, tal y como ha sido aplastantemente demostrado en un reciente libro de título bien expresivo, “1936, fraude y violencia”, firmado por los historiadores Álvarez Tardío y Villa García: las elecciones de febrero de 1936 fueron fraudulentas y, celebradas en medio de violencias sin cuento, las ganaron en realidad las derechas. Es decir, que el gobierno del Frente Popular era ilegítimo. 

Pero ellos siguen hablando de golpe fascista y de gobierno legítimo. Ni la realidad ni la verdad les hará desistir de sus propósitos, porque estos son ideológicos y nada tienen que ver con la verdad. 

Ausencia de autocrítica 

¿Se ha parado alguna vez la izquierda en España a a considerar cuál no será la enormidad de su culpa como para haber provocado el alzamiento de eso tan medroso y pusilánime, tan acobardado, como es la derecha española, a la que obligó a echarse a las calles, a los campos, a los montes? Por supuesto que no, porque si algo caracteriza a la “memoria histórica” es la absoluta ausencia de toda autocrítica por parte de la izquierda. 

La autocrítica de la izquierda debería pasar por admitir que el franquismo fue una versión mitigada de aquello en lo que la izquierda revolucionaria y republicana obligó a convertirse a la derecha. 

Por eso, quizá lo más sangrante de todo el asunto es que se permitan la condena y persecución obsesiva de Franco quienes, desde su pretendido olimpo moral, son los herederos de aquellos que protagonizaron aquello mismo de lo que acusan a Franco, pero corregido y aumentado; de aquellos que se rebelaron contra la legalidad en muchas ocasiones, en 1917, en 1930, en 1934, en 1936, de aquellos que asesinaron a cuatro presidentes de gobierno en 75 años: una especie de récord Guinness del crimen y el golpe de Estado que no parece frenarles. 

Pues estos son quienes, sin haber pedido perdón ni reconocido culpa alguna, insisten en la maniática condena de Franco y su régimen, falsificando de modo obsceno la historia de nuestro pueblo. 

“Vaporizar a Franco”

Como en “1984”, Franco está siendo “vaporizado”; desaparece de la historia para reaparecer como una especie de sombra maléfica que contamina todo lo que toca. Lo que estas leyes hacen de nuestro pasado no tiene nada que ver con la realidad de un personaje histórico llamado Francisco Franco y que gobernó España durante casi cuatro décadas. 

Franco, que se resistió a sublevarse y que solo lo hizo cuando entendió que no había más remedio; cuando, como escribió Stanley Payne, era más peligroso no sublevarse que hacerlo; Franco, a quien sus compañeros en el alzamiento llamaban “miss Canarias 1936”, por lo esquivo de su compromiso ante la sublevación; Franco, que cuando le propusieron la rebelión ya en diciembre de 1935 se negó a considerarlo; Franco, que defendió la república y la legalidad cuando fue llamado por el gobierno para ello, es condenado a la desaparición del espacio público de un modo hasta ahora desconocido en la historia de España. 

El proyecto socialista lleva las cosas hasta el punto de obligar a la eliminación de todo símbolo, cualquiera que sea el coste que eso represente, incluso los que lleven en cementerios más de 80 años. 

Una brutal represión

De salir adelante la proposición socialista tal y como está formulada, impedirá que nadie exprese en público una opinión que pudiera ser considerada favorable a Franco o a su régimen: para “quienes enaltezcan o justifiquen por cualquier medio de expresión pública o de difusión el franquismo” hay abundantes disposiciones punitivas, que incluyen cárcel y multas de generosa cuantía. Es decir, que hacer una valoración positiva del franquismo, de algún periodo del mismo o de algún hecho, u obra, o acto, o iniciativa anterior a 1978, te puede llevar a la cárcel. Se tipifica, pues, el delito de opinión. 

Así mismo, cualquiera que, en el curso de una investigación, extraiga una conclusión que pueda favorecer a dicho régimen se expone a penas de prisión y a cuantiosas multas. Es decir, que se limita el derecho a la libre investigación, clave del conocimiento científico. No solo eso: la ley también estipula la destrucción de libros y documentos que incumplan la ley. 

El profesorado será adoctrinado en materia de memoria histórica, que será incluida en el currículo escolar en forma trasversal en primaria, secundaria y bachillerato. Si con carácter general las infracciones a la ley se castigarán con multa de hasta 150.000 euros, en el caso del personal docente se impondrá, además, la pena de inhabilitación especial para profesión u oficio educativos, en el ámbito docente, deportivo y de tiempo libre, por un tiempo superior entre tres y diez años. 

Tampoco los funcionarios se libran: el funcionario que vote contra la aplicación de la memoria en su ámbito, y de cuyo voto se desprenda el incumplimiento de la ley, “será castigado con la pena de prisión de un año y seis meses a cuatro años y la de multa de doce a veinticuatro meses y con la pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público y para el ejercicio del derecho de sufragio pasivo por tiempo de nueve a quince años.” 
Comisarios de la memoria

Para un desarrollo y una aplicación más efectivos de la ley, la proposición de ley elaborada por el PSOE cuenta con la participación activa de las asociaciones de la memoria, organizaciones que no han hecho ningún secreto de su sectarismo. 

Dichas organizaciones han venido desarrollando una labor beligerante en extremo en lo tocante a la reconstrucción de la “memoria” de la guerra civil y el franquismo; partiendo desde un sonrojante maniqueísmo han llegado a hacer profesión de fe de su republicanismo militante, desentendiéndose de todo lo que suponga contrariar sus apriorismos, reacomodando el pasado a los intereses del presente, una y otra vez. 

La proposición de ley socialista les otorga un espacio central en el cumplimiento de la ley, y puede contarse con que, dotadas económicamente como cabe presumir, cumplirán con su misión delatora a plena satisfacción.

 Fernando Paz