MARX Y EL QUIJOTE (CON PERMISO DE LA PROGRESÍA) .Por Carlos Rodríguez
Karl Heinrich Marx (Tréveris 1818- Londres 1883) hijo de Heinrich Marx, ambos ateos materialistas y miembros de la masonería anticatólica. A pesar de haber renunciado al lado religioso del judaísmo, siguieron participando en actividades hebraístas (supremacía).
La importancia de Marx - no tanta como se cree- en el “Manifiesto Comunista” (1848) y en la “Primera Internacional” (1864) es más que conocida, pero se ha escrito muy poco de su presencia en España durante el periodo correspondiente a 1854-1856, como corresponsal del “New York Daily Tribune”.
Marx sentía verdadera curiosidad por España, su historia, su cultura y en especial por sus escritores. En sus crónicas cita hechos, entre otros como: la “creación” de la península ibérica, Covadonga, las guerras contra el “moro”, la conquista de América, la guerra de la independencia y, sobre todo, de lo que estaba trascurriendo en el siglo XIX mientras él se encontraba en España.
En una de sus crónicas escribe: “Si tras el reinado de Carlos I, la decadencia de España en los terrenos políticos y social exhibe todos los síntomas de larga y nada gloriosa putrefacción, que caracterizaron los peores tiempos del imperio turco, bajo el emperador mismo las viejas libertades fueron en fin de cuentas enterradas en un sepulcro magnífico”.
Después de estos pocos elogiosos comentarios, Marx valora a España escribiendo:
“Esta es la época en que Vasco Núñez de Balboa planta el pendón de Castilla en las costas de Darién, mientras Cortés lo hace en México y Pizarro en el Perú; la época en la que la influencia española gobernó Europa y la meridional imaginación de los íberos se conturbó con visiones de “El Dorado”, caballerescas aventuras y sueños de monarquía universal”. Como siempre la visión materialista de la historia le impide a Marx ver la realidad que supone un imperio espiritual. El único evangelizador en la historia del mundo.
Para Marx todo lo español es sorprendente y hasta hay momentos históricos en los que le pueden emocionar. Refiriéndose a la Guerra de la Independencia, la cita como un “gran movimiento nacional”. “Una memorable exhibición de vitalidad de un pueblo al que se le suponía moribundo”. Marx empieza a descubrir las emociones de los españoles y menciona que en un bando estaban los afrancesados y en el otro la nación, en una clara distinción entre el traidor y el natural.
Refiriéndose al hidalgo español de entonces escribe: “Pese a ser miserable y explotado, no tuvo el sentimiento de humillación oprobiosa que le amargaba el resto de Europa feudal”:
Para el renegado del judaísmo la invasión napoleónica en colaboración con los traidores afrancesados era un “asalto a la nación española” y descubre como genuinamente españolas las virtudes del guerrillero: “Desde el tiempo de Viriato ha tenido algo de bandido (el guerrillero)” añadiendo que los contrabandistas son los únicos que nunca se han desorganizado en España, comparando al bandolero con Don Quijote.
El siempre citado renegado del judaísmo también describe que el gran obstáculo que tuvo Napoleón para consumar la invasión de España fue la autonomía y la vitalidad de sus municipios. “En la formación del reino de España se dieron circunstancias favorables para la limitación del poder del rey”, destacando que en la lucha cristiana contra el moro disminuía el poder real, mientras que en las ciudades y las villas la energía de la población se potenciaba.
Los sucesos del siglo XIX: golpes de estado, pronunciamientos militares, revoluciones y contrarrevoluciones, la supuesta constitución de Cádiz… hacen percibir a Marx que en las gentes de España nace la necesidad de “fundar una España nueva, tal y como lo hicieron sus antepasados en las montañas de Covadonga”.
El judío alemán se asombra de la religiosidad de los españoles al enfrentarse al ateísmo napoleónico ya que “los pueblos religiosos son más fáciles de gobernar porque la religión es la forma más sencilla de que el pueblo entienda la justicia (refiriéndose a las leyes)”.
Marx descubre en España una espiritualidad desconocida para él. Engels al observar que su amigo empieza a dudar de su sentido material de la historia para evitar riesgos mayores le escribe “Algunos aseguran que existen verdades eternas como la libertad y la justicia; nosotros hemos venido a destrozar esas verdades, así como a la moral y a la religión”. Engels que era el eterno sableado económico por Marx le hizo cambiar de opinión, amenazándole con la retirada de sus partidas de dinero. Ya se sabe que el que paga manda.
Para Marx la constitución de 1812 es una reproducción de los antiguos fueros “leída a la luz de la revolución francesa y adaptadas a las necesidades de la sociedad moderna”. Después de algunas conclusiones llega al convencimiento de que España es una gran desconocida debiéndose a esto el fracaso de Napoleón en su intento de someterla. “España es un país mal conocido, acaso el peor conocido y juzgado de Europa excepto Turquía. ¿Curioso, verdad?, Turquía y España dos naciones que se enfrentaron entre ellas por conseguir el dominio cada una de su cultura y su espiritualidad (Lepanto).
Marx descubre en la lectura del Quijote “La epopeya de la caballería moribunda, cuyas virtudes se convirtieron en el naciente mundo burgués, en objeto de burla y ridículo”. Entendiendo que la locura poética del Caballero de la Mancha es necesaria para luchar contra la injusticia de la época.
Cerca de su muerte escribe a Engels y diciéndole que vive «insomne, inapetente, con mucha tos, algo perplejo, no sin sufrir de vez en cuando accesos de una profunda melancolía, como el gran Don Quijote»
El padre de Marx decía sobre su hijo, “tenía un corazón que estaba manifiestamente animado y dominado por una potencia demoniaca que no está en todos los hombres”.
Algunos allegados al siempre citado judío renegado como Arnold Ruge y Carl Schurz le calificaron de borracho, egoísta, fanático, arrogante, ofensivo e insoportable. En verdad los Rothschild eran sus únicos amigos siendo ellos los que le encargaron y le pagaron que escribiera “El capital”, pero apenas empezó, porque le sorprendió la muerte. La obra fue prácticamente escrita por sus adinerados amigos, incluido el millonario empresario manchesteriano Friedrich Engels (el eterno sableado) ... pero esos cantares ya los cantaremos otro día.